Artículos - 13 Nov 2017

INNOVACIÓN ESTRATÉGICA: de la producción de ideas a la generación de valor

Todos tenemos referentes a seguir. En High Speed Solutions nos gusta leer lo que publican sitios como Fast Company; sus artículos, su punto de vista, su manera de plasmar lo que hoy pasa en el mundo de la tecnología, el entretenimiento, liderazgo, creatividad e innovación. Por eso, hace unas semanas nos lanzamos a Nueva York al Fast Company Innovation Festival (1) para conocer qué se está haciendo y diciendo a nivel internacional en torno a estos temas.

Nuestra primer impresión fue que estamos al nivel del pensamiento más progresista de la innovación. Y aunque suene pretencioso, es simple… nunca nos dejamos de cuestionar nuestros propios prejuicios y preconceptos sobre el tema. Nunca dejamos de reflexionar para cambiar y evolucionar. Y escuchando lo que allí se dijo, queremos poner sobre la mesa lo que pensamos hoy sobre este tema que no deja de apasionarnos:

  1. Innovación no es lanzar algo nuevo. Hemos hablado hasta el cansancio de la idea errónea de que innovar es únicamente lanzar un nuevo producto o servicio, pero parece no quedar tan claro aún (en un mundo donde el start-upismo es la nueva regla, es fácil caer en ese entendimiento). La innovación es más bien un tema de procesos constantes y flexibles en todas las áreas, que nos llevan a cambiar nuestra manera de hacer las cosas. Eso es lo que realmente dispara procesos de innovación mucho más poderosos que los que solo se basan en lanzamientos. Cómo hacer mediciones distintas, cómo hacer campañas distintas, cómo hacer procesos internos distintos, cómo ejercer un liderazgo distinto. Cuando vemos cómo se manejan las empresas en 2017, la mirada sigue basada en objetivos de ventas. ¿Y si además se estableciera una cuota de innovación en los objetivos de las compañías? No es que las ventas no importen, pero si no nos preguntamos cómo adaptarnos a un entorno tan cambiante, a un consumidor tan multifacético y a competencia camaléonica desde nuestro mindset y procesos; estar a la altura de este siglo se ve complicadísimo.
  2. Innovación no es un tema de early adopters. El sesgo natural de alguien que trabaja en tendencias es ver lo último de lo último, pero algo que hemos olvidado es entender cómo sigue ese proceso desde que lo identificamos hasta que se instala. Hay muchas trends que desechamos porque no nos suenan tan nuevas: “la hiperfragmentación”, “el cocooning”, “las experiencias como prioridad”, “el e-commerce”. Son cosas que venimos viendo en documentos de tendencias desde hace 10 años o más, pero eso no quiere decir que hayan perdido relevancia, por el contrario, quiere decir que muchas de ellas APENAS están instalándose masivamente. Es clave empezar a hablar del tiempo que una innovación tarda en madurar; de ir siguiendo su evolución e incluso alcanzar a predecir su comportamiento en el tiempo.
  3. Innovación no va separada de lo “socially sustainable”. Hay mil prejuicios de que el negocio y el altruismo son mutuamente excluyentes. Tomemos como ejemplo lo siguiente: si nos echamos un clavado en la mente de los Millennials vemos mucho entusiasmo y mucha frustración conviviendo: quiero un mundo mejor pero de eso no se vive. La generación Z, en cambio (los nacidos después del 2000), son un ejemplo de cómo esta idea se puede conciliar (2): el trabajo es la monetización de hacer lo que me gusta. Es hora de que las compañías piensen más como un Gen Z que como un Millennial y consideren que hacer el bien hoy adquiere relevancia en el negocio: tener un propósito, responsabilidades sociales, transparencia, contar con iniciativas altruistas, las B corporations (3). En general, el negocio puede y debe ser un win win tanto económicamente como en términos de consciencia social. Primero entendiendo cómo sumar altruismo al negocio y después, sacando beneficio de lo social. Hoy en día, si no hay sostenibilidad, no hay crecimiento del negocio, así de fácil.
  4. Innovación no va separada de lo creativo y, a veces, sí de lo tecnológico. En ocasiones se mal entiende la innovación; más cercana a una metodología cerrada o una plataforma, que a una apertura al cambio. Una gran parte de la innovación realmente disruptiva va de la mano de la creatividad; el único lugar donde la automatización y la robótica no podrán llegar. Es por ello que el concepto de capital creativo retoma importancia en las compañías; se prevé que eventualmente el nivel de capital creativo sea incluso la forma en la que las empresas se midan. Quien no fomente la creatividad en su filosofía, procesos, productos y servicios, se quedará fuera.

Y si se quedaron con ganas de más (porque hubo muchas más ideas que el Festival nos detonó), stay tuned!… porque estamos preparando un documento inspirador de lo que ocurrió en 2017 y lo que esperamos para el 2018. Ya saben que en High Speed nos encanta compartir lo que aprendemos pero, sobre todo, lo que nos gusta es pensar en ese futuro donde nos puede llevar la innovación.

 

(1) http://events.fastcompany.com/fcny/

(2) https://insights.viacom.com/post/fanzine/

(3) https://www.ecointeligencia.com/2014/09/empresas-b/

Escrito por: de la Riva Group

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